
Foto: Gonzalo Barandiarán / La Herradura, Chorrillos.
Desde mediados de los años cincuenta, La Herradura fue la playa favorita de la alta sociedad limeña. Basta leer las páginas de “Baby Schiaffino”, uno de los mejores cuentos de Alfredo Bryce Echenique, para darnos una idea de lo importante que era esta playa para la vida de la alta sociedad. La fama de La Herradura, como paraíso natural para correr olas, se remonta sin embargo a principios del siglo XX, cuando los primeros bañistas chorrillanos aprovechaban la fuerza de las olas de la orilla para deslizarse a pecho o sobre colchones de aire hasta la orilla, en un juego excitante y lleno de emoción. La seguridad que confería el plácido lecho de arena y la regularidad de las olas hacía de La Herradura la playa ideal para pasar un buen día de verano. Sin embargo, cuando el mar se ponía bravo, La Herradura se volvía una playa temible, con olas de más de dos metros que reventaban estruendosamente en la orilla, capaces de infundir temor en el bañista más avezado. En esos días, los veraneantes podían percibir que un curioso fenómeno se producía a lo largo del cerro que rodea la bahía. Desde la punta del cerro, podían verse las olas enormes que, deslizándose a lo largo de unos cuatrocientos metros, se estrellaban contra las rocas y cuevas del acantilado, creando un espectáculo estremecedor. Los pescadores chorrillanos tenían que cuidarse mucho de esas olas, ya que si uno de sus botes llegaba a ser cogido por una de ellas, terminaba estrellándose contra las voraces cavernas, lo cual significaba una muerte segura.

Foto: 5000 Años Surcando Olas / Rider: Carlos "Trafa" Mujica
Es indudable que nuestros primeros tablistas vieron esas olas en todo su esplendor; pero todos ellos coinciden en afirmar que a ninguno se le ocurría ni siquiera remotamente la idea de correr semejantes montañas, ya que las enormes tablas que entonces tenían prácticamente garantizaban terminar sepultado en las siniestras cavernas rocosas. Hubo que esperar hasta los años sesenta para que nuestros tablistas empezaran a considerar la posibilidad de desafiar las olas de La Herradura. En un artículo escrito por Joaquín Miro Quesada, nuestro recordado “Shigi”, leemos que ya en 1962 los tablistas peruanos fantaseaban con el soberbio despliegue de armonía acuática de esas hermosas series que azotaban La Herradura en los días de braveza, pero la idea de terminar empotrándose contra las rocas los hacían desistir de sus fantasías. En el invierno de 1965, el flamante campeón mundial Felipe Pomar, y un selecto grupo de tablistas, entre los que destacaban Fernando Arrarte, Francisco y Carlos Aramburú, además de Manolo Mendizábal, decidieron hacer historia.

Foto: Libro 5000 Años Surcando Olas / Rider: César Aspíllaga
Cuando el mar manifestó las primeras señales de braveza y la costa apareció cubierta de espuma, los cinco amigos tomaron rumbo al sur, llegaron a la bahía, provistos de sus mejores tablas, y se extasiaron ante el espectáculo de las series entrando ordenadamente en la bahía, como soldados largamente entrenados desfilando antes de iniciar una batalla. Luego de esperar a que el mar les brinde un respiro, los cinco tablistas sobrepasaron la furiosa campana de la orilla, y se internaron mar adentro rumbo a la lejana reventazón. A medida que avanzaban, miraban hipnotizados hacia la izquierda, donde el espectáculo de unos tubos espeluznantes expeliendo violentos chorros de agua hacía que nuestros tablistas empezaran a segregar adrenalina. El tronar de las espumas azotando las rocas cavernosas no logró intimidarlos, y pronto fue Felipe Pomar el primero en bajarse una montaña azul de agua cristalina corriendo contra su lado.

Foto: Gonzalo Barandiarán.
Pronto, los cinco amigos se hallaban dibujando las olas a lo largo de la bahía, aullando de placer y provocando que todo el movimiento de la playa se paralizara, pues todos querían ver las arriesgadas maniobras de los virtuosos deportistas. Pronto, la noticia corrió entre los tablistas, y en la siguiente crecida, que cayó justo el 31 de diciembre de ese año, Joaquín Miró Quesada, Miguel Plaza, Francisco Aramburú, José Carlos Godoy y Sergio Barreda se extasiaron corriendo las maravillosas olas de La Herradura, desde el amanecer al anochecer.
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