
En Perú convertirse en tablista profesional es el sueño de decenas de jóvenes, que ven en este deporte la posibilidad de llevar una vida de fama, viajes, dinero y éxito. Para muchos, es la profesión soñada, donde se conoce los lugares más paradisíacos y se corre las olas más perfectas del planeta.
Pero no nos engañemos. Es sólo para un grupo muy pequeño eso de que “el sueño” se convierta en una realidad y en un trabajo bien pagado. Para conseguir que nuestro deporte se convierta en una carrera financieramente estable, es necesario mucho trabajo, disciplina, y obvio, un bolsillo que lo aguante todo.
Viajes, estadías, alimentos, entrenamientos, tablas y wetsuit nuevos. Se trata de un estilo de vida costoso, que normalmente no son financiados en su totalidad por los patrocinadores, siendo los mismos deportistas quienes asumen el riesgo. Es aquí donde se marca un punto aparte en el famoso deporte de las olas.
Por ejemplo Melanie Giunta (19), una de las surfistas peruanas del momento, ha participado en un total de 15 eventos fuera del país con miras al Circuito de Clasificación Mundial (WQS), la más larga en lo que va de su carrera, cerrando la temporada 2016 en el ranking 47 de más de 100 retadoras. Pero para lograr ello la peruana ha tenido que cuadrar cuentas y asegurarse de contar con las comodidades posibles y los mejores implementos.
“Competí medio año con tablas que ya tenía y compré 4 en Julio y 2 más en Noviembre (2 mil dólares) las cuales seguro seguiré usando el próximo año. Competí con dos 2 wetsuits cortos y 2 largos, todos por auspicio”, comenta la tablista, que aparte, entre pasajes, estadías, inscripciones, transporte y alimentos durante la competencia (sin contar entrenamientos) gastó un aproximado de 50 mil dólares siendo 37 mil de su propio bolsillo y 13 mil cubierto solo por auspicios.
Lucca Mesinas (20), fue otra de las figuras nacionales que también hizo un recorrido interesante este año. El mancoreño tuvo participación en más de 14 eventos internacionales estando mayor parte de la temporada fuera del país. Si hablamos de etapas WQS, Lucca mejoró su record del año pasado escalando 60 posiciones, cerrando el 2016 en el puesto 154 del ranking. Y al igual que Melanie, la mayor parte de su financiamiento corrió por cuenta propia.
“El tour mundial de tabla se realiza en muchos países que en su mayoría están al otro lado del mundo y eso ya lo hace muy caro. Son muchas fechas en todo el año en los cuales tienes que pagar pasajes, hoteles, comida, etc… Aparte tienes que tener un tiempo de preparación para los campeonatos y contratar entrenadores especializados, y ahí ya es otro gasto aparte, sin contar los implementos comunes (tabla /wetsuits) que son: pads, ceras, pitas, quillas, y más.”, señala Mesinas que este año batió record en compras con 20 tablas (más de 5 mil dólares) y solo 2 por auspicio. En wetsuits se empareja la situación siendo 3 a 3 tanto en compras personales como sponsors.
En cuestión de viajes, la situación también es parecida a la de Melanie. Entre pasajes, estadías, alimentación y más, Lucca gastó alrededor de 32 mil dólares, siendo 20 mil los que salieron de su billetera y solo 12 mil dólares lo que sus auspiciadores decidieron ponerse al hombro.
Sin embargo, Melanie y Lucca no fueron los únicos tablistas peruanos en hacer un temporada extensa este año, también lo hicieron Miguel Tudela, Alonso Correa y Juninho Urcia quienes compartieron, en su mayoría, los mismos eventos internacionales (WQS), es decir los mismos viajes y estadías.
Basados en esa información y la cantidad de dinero que puede llegar a gastar aproximadamente un surfista para llegar al tour, podríamos estar hablando de un total de más 150 mil dólares solo entre ellos cinco sin contar con la ayuda de sus auspiciadores.