
Una de las características más resaltantes de la década de los ochenta, fue el tremendo apogeo que experimentó la ropa diseñada para tablistas, que llegó a convertirse en uno de los estilos más populares en el vestir de los peruanos.
¿Cómo no recordar los estrambóticos pantalones de la marca Ayllu?, ¿los polos Op (Ocean Pacific), las ropas de baño Off Shore y la ropa de nuevas marcas como Quiksilver, Stussy y Gotcha? El fenómeno de la moda surfer se extendió a lo largo del país, y ocurría que, si uno se iba, por ejemplo, a Huancayo, con seguridad se encontraría con algún compatriota que lucía orgullosamente su polito Op.

Nunca, como en los ochenta, esta moda gozó de tanta aceptación, lo cual se explica necesariamente porque la aceptación del deporte de la tabla también era cada vez mayor, porque había más tablistas en el país, y porque el estilo de vida de los tablistas se presentaba como uno de los más interesantes. Ser tablista era, entre muchas otras cosas, ser una persona muy ligada a la naturaleza, amante de la ecología, ser una persona aventurera, sagaz, y todo eso, de alguna manera, encajaba a la perfección con los aires de modernidad que se vivían en los ochenta.
Lo interesante del caso, es que gracias a este fenómeno, fueron muchos los tablistas que encontraron una forma de ganarse la vida en una actividad íntimamente relacionada a su gran pasión por las olas, y a la larga, esos tablistas demostraron que su estilo de vida no estaba disociado con la perspectiva del hombre de negocios.
